sábado, 3 de junio de 2017

Leyenda Negra (III)

Hubo una acción simultánea del resto de Europa occidental y posteriormente de Estados Unidos contra un poder español que aspiraba a la monarquía universal, todo ello sustentado por la ocupación del universo americano. Calificarlo o no de leyenda negra queda bastante a gusto del lector.

Parece difícil, dado el volumen de los improperios, que esa España respondiera plenamente a la realidad (la catástrofe demográfica que siguió al desembarco español en América la causaron las enfermedades). Hay, sin embargo, coincidencia de autores en que lo que hubiera de leyenda estaba motivada por la necesidad de oponerse al asfixiante poderío de los Austrias.

Los holandeses se convirtieron en nación, según declaraciones de los propios interesados, en su lucha secular (1568-1648) contra España, y el vituperio de todo lo hispánico era peldaño obligado para la formación nacional del calvinismo militante.

A los franceses de Richelieu (siglo XVII), el cerco de posesiones españolas en sus lindes orientales estimuló el pensamiento de las fronteras naturales —la línea azul de los Vosgos—, allí donde debía señorear París para que Madrid no les acogotara.

Para Italia, inventora del Renacimiento, era bochornoso que una España que hablaba tan mal el latín le pasara en todo la mano por la cara.

Inglaterra, desde que rompió con Roma en 1534, necesitaba un enemigo poderoso para irse formando como gran potencia excéntrica a Europa (como hoy puede verse con el reciente referéndum). ¿Quién mejor para ocupar esa posición que la católica España que, además, le llevaba 100 años de delantera en la aventura americana?

En el siglo XVIII los recién inaugurados Estados Unidos debían abominar del papismo al sur de las Treces Colonias

El imperio, como vemos, servía por el solo hecho de existir a todos sus rivales como instrumento indispensable de forja nacional. Y esa sí que es toda una leyenda del color que el lector prefiera. 

M. A. Bastenier para @ELPAIS - España: Modo de Empleo


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Matrimonio de la ñusta Beatriz, sobrina del último inca, Huaina Capac, con Martín de Loyola, sobrino de San Ignacio de Loyola - Museo Pedro de Osma, Lima, Perú




Felipe II y la Leyenda Negra



domingo, 14 de mayo de 2017

Artemisia y el odio

Artemisia Gentileschi aprendió el oficio en casa y tuvo ocasión de perfeccionarlo en Florencia, bajo la protección de Cosme II de Medici. Se convertía así en la primera mujer que accedía a la Academia de Pintura y en el asombro de una ciudad “moderna” en la que pudo entablar amistad con Galileo Galilei.






Artemisia, hija del pintor florentino Orazio Gentileschi, fue violada por uno de los maestros que se ocuparon de instruirla, Agostino Tassi. Las penurias y las torturas que hubo de sufrir hasta prosperar la denuncia convirtieron el arte en un espacio de justicia más o menos subconsciente, un lugar donde Artemisia ejercía de pintora y de tribunal de los hombres.



Artemisia Gentileschi - Judith Beheading Holofernes - WGA8563.jpg


La artista romana acudía una y otra vez al mito de Judit y de Holofernes, al sacrificio del Bautista, al martirio que Jael infligió a Sísara, un capítulo gore del Antiguo Testamento que recrea la frialdad de la heroína judía clavando un cincel en la cabeza del general del ejército de Canaán.

El tenebrismo proporciona un contraste elocuente al criterio teatral de Gentileschi. No puede ser más explícita ni más abundante la sangre que mana de la garganta de Holofernes en el lienzo de 1613, como no puede ser más parecido el rostro de Judit al de la propia Artemisia.






Se hacía justiciera la pintora, vengaba en los lienzos los obstáculos de una carrera contra corriente que la ha transformado en mito del feminismo por su capacidad emancipadora, por su valentía, por su independencia, por su vocación viajera -Nápoles, Venecia, Londres- y por el respeto que llego a adquirir en la fiebre estética del barroco italiano.

Rubén Amón @ELPAIS

El público prefiere...