miércoles, 3 de noviembre de 2010

Antropoides, ¿africanos o asiáticos?





El descubrimiento de varias especies de primates antropoides del Eoceno en Libia desafía la teoría de que los primates superiores (entre los que se incluyen los monos y los hombres) se originaron en África. El espectacular hallazgo se ha publicado en Nature.

El origen de los antropoides, los primates en los que se incluyen los humanos, los monos y los grandes simios, no se conoce nada bien.

Unos dicen que estos se originaron en África en el Cretácico, mientras que otros creen que aparecieron primero, y más recientemente, en Asia, desde donde se dispersaron llegando a África.

Los hallazgos de Libia se datan en hace entre 38 y 39 millones de años y añaden nada menos que cuatro grupos de primates de muy pequeño tamaño a los antropoides conocidos.

"Si nuestras ideas son correctas -afirma Christopher Beard, coautor del estudio- esta colonización de África por parte de los antropoides fue un evento realmente crucial, uno de los puntos clave de nuestra historia evolutiva. En aquel tiempo, África era un continente-isla. Y cuando esos antropoides aparecieron, no había nada en esa isla que pudiera competir con ellos, e iniciaron un periodo de florecientes divergencias evolutivas entre los antropoides, uno de cuyos linajes desembocó en los seres humanos. Si nuestros primeros antepasados antropoides no hubieran tenido éxito en su migración de Asia a África nosotros, sencillamente, no existiríamos".

"Este extraordinario nuevo yacimiento de Libia nos muestra que en el Eoceno medio, hace 39 millones de años, ya existía una sorprendente diversidad de antropoides viviendo en África, y no se conoce ningún antropoide africano anterior a ese tiempo. Esta súbita aparición de una tal diversidad sugiere que esos antropoides probablemente colonizaron África desde cualquier otro lugar. Sin evidencias de fósiles más primitivos en África, hemos desviado nuestra mirada hacia Asia, como el lugar más probable en el que esos animales evolucionaron".

ABC

EL PAÍS


martes, 2 de noviembre de 2010

Día de "Todos" los Difuntos


Antígona
MANUEL VICENT - EL PAÍS 1/1/10


Es muy dulce el sol de las ánimas. El día primero de noviembre la gente lleva al cementerio las flores carnosas de los pensamientos, pero debajo de esa luz suave que ilumina la memoria de los muertos, en España sigue vigente el mito de Antígona. Es todavía nuestra tragedia. Durante setenta años, desde el final de la Guerra Civil, decenas de miles de españoles están enterrados en cunetas y barrancos. Fueron vencidos, humillados, ejecutados y hacinados en fosas comunes. Todo el suelo de la patria está fermentado de cadáveres que aún siguen gritando como lo hicieron un segundo antes de recibir una descarga de plomo. Es el mismo grito, son las mismas lágrimas. Antígona sacrificó su vida por dar honrada sepultura a su hermano para que su alma no vagara sobre la tierra en busca de venganza sin encontrar reposo. Desde entonces existe la creencia de que es imposible la paz entre los vivos mientras no estén sosegados todos los muertos. El rito funerario está unido al primer acto de piedad que sintió el homínido, hace 130.000 años, y fue la señal de que el germen de la conciencia se había implantado en su cerebro. Este hecho religioso coincidió con la fabricación de la primera hacha de sílex, que sirvió para matar. Más allá de la Guerra Civil y de la política de uno u otro bando, el que después de treinta años de democracia y de libertad haya decenas de miles de cadáveres en sepulturas innominadas supone la degradación más evidente de una conciencia colectiva. Puede que las almas, cuando abandonan los cuerpos, vayan a formar parte de la energía universal y constituyan el espíritu de la materia o puede que se disuelvan en la nada, pero aquellas que un día animaron los despojos de los vencidos en la Guerra Civil están todavía presentes en la vida política alimentado odios y resentimientos, y también una piedad que viene de la noche de los tiempos. Durante millones de años los cadáveres quedaron a merced de las alimañas sobre la piel de la tierra. Hubo un momento en que un primate se dio cuenta de que eso mismo que hacían los buitres con las vísceras de otro, un día lo harían con las propias entrañas y decidió el primer enterramiento sagrado. Es muy cruel que familias españolas deban asimilar todavía las flores para sus muertos a un recuerdo envenenado.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El público prefiere...