sábado, 3 de octubre de 2015

Darwin y los pinzones de las Galápagos

Los pinzones de las islas Galápagos son el icono por excelencia de la biología evolutiva, porque fue el hecho de que su pico tuviera una forma muy distinta en cada isla lo que reveló a Charles Darwin, durante la expedición del Beagle en la década de 1830, que las especies no eran estables, sino que variaban bajo las distintas presiones del entorno.

 
 
 
 
"Cuando me fijo en esas islas", anotó Darwin en su diario en julio de 1836, en referencia a las Galápagos, "todas a la vista unas de otras y moradas por esos pájaros que solo difieren un poco en estructura y que ocupan el mismo lugar en la naturaleza, debo sospechar que son variedades... Tales hechos socavan la estabilidad de las especies".
 
Las variaciones entre unos pinzones y otros afectan a todo el cuerpo, y también a rasgos como el comportamiento y el tipo de canto, pero son particularmente llamativas en la forma del pico. Este fue el rasgo que llamó la atención de Darwin. Y también es el que permite a estos pájaros alimentarse de fuentes tan dispares como semillas, insectos, el néctar de las flores de un cactus local o incluso la sangre de las iguanas.
 
El caso de los pinzones de las Galápagos, como el de otros animales de esas islas, es un ejemplo de lo que hoy se denomina una "radiación adaptativa". El ancestro de todas esas variedades de pinzones llegó del continente hace dos millones de años, más o menos cuando los primeros Homo erectus evolucionaron en África. Su separación en poblaciones relativamente aisladas en las distintas islas -lo que restringió el flujo genético entre ellas- y el hecho de que la ecología de cada isla les impusiera un estilo de vida, y unas necesidades alimentarias algo distintas, se conjuraron para que los pinzones originales se hayan dividido en 15 especies distintas en solo dos millones de años.
 
 
  
 
 

domingo, 20 de septiembre de 2015

El "San Marcos"

Spanish Point. O Rinn na Spáinneach. Situada a un paso de los acantilados de Moher, esta pequeña población de apenas 80 vecinos ha vuelto a reforzar en las últimas semanas sus lazos con la Felicísima Armada de Felipe II —lo de Invencible fue un exitoso remoquete inglés— gracias a una campaña arqueológica de primer orden: el Proyecto San Marcos.

Construido en 1585 en Cantabria, el San Marcos era el pináculo de la tecnología naval de la época y una de las joyas de la escuadra de Portugal. Comandado por el Marqués de Peñafiel, desplazaba 790 toneladas y contaba con 33 cañones de bronce, además de 350 soldados y 140 marineros.

El gran escenario de la tragedia —marítima y humana— de la flota de Felipe II, una formación de 130 barcos y 30.000 hombres pensada para invadir Inglaterra, no fue el Canal de la Mancha, sino el litoral occidental de Irlanda. Entre septiembre y octubre de 1588, cuando la flota encaraba su desesperado regreso a España bordeando Irlanda, en sus costas se hundieron 24 barcos y murieron 6.000 hombres.








El San Marcos había demostrado ser un barco casi invencible tras batirse en lo peor del fragor bélico del Canal y llegar hasta allí con su estructura muy maltrecha.

Hasta que se topó con lo que los marineros de Spanish Point aún llaman, en gaélico, Mal Rock, un bajío traicionero que apenas asoma su afilada cresta en la superficie, junto a Mutton Island. Contra esa mala roca se estrelló el galeón la tarde del 20 de septiembre de 1588. Le sorprendió una tormenta con rachas de viento de 100 kilómetros y olas de 15 metros de altura, por lo que el capitán buscó cobijo entre la isla y tierra firme. Esa fue la perdición del barco, que se precipitó contra la roca para deshacerse en mil pedazos.

De los 490 hombres del galeón sólo cuatro lograron hacer tierra. Estos, junto a los 60 supervivientes del San Esteban, hundido ese día a unos kilómetros al sur, en Doonbeg, fueron capturados por Boetius Clancy, el representante de la Corona inglesa. Este no se lo pensó dos veces a la hora de obedecer las órdenes expresas de Isabel I: ajusticiar a todo español, sin importar rango o estatus. De ahí que, incluso don Felipe de Córdoba, uno de los prohombres sobrevivientes de los naufragios cuyo rescate hubiera enriquecido a Clancy, fuera ahorcado junto al resto de hombres en la colina más alta que mira a la playa de Spanish Point.

 Spanish Point (Irlanda) 

domingo, 23 de agosto de 2015

La Nueve






El miércoles 3 de junio, los Reyes de España y la alcaldesa Anne Hidalgo descubrieron en el Ayuntamiento de París una placa por la que el jardín de la imponente casa consistorial llevará el nombre de La Nueve, la heroica compañía de la división Lecrec integrada casi exclusivamente por republicanos españoles —146 de 160 hombres— que el 24 de agosto de 1944 fueron los primeros en llegar para liberar París. El texto de la placa es:
 
"Jardín de los Combatientes de La Nueve,
liberadores españoles de la Villa de París
el 25 de agosto de 1944"
 
 
La historia no ha hecho justicia con ese grupo de valientes españoles. Fueron olvidados durante décadas. No solo por la dictadura española, sino también por Francia. Solo hace unos años empezaron a ser reconocidos algunos de los pocos supervivientes. Hoy solo sobreviven dos: Luis Royo y Rafael Gómez.
 
 
 
 
 
 
 
 
El 24 de agosto de 1944, el teniente Amado Granell fue el primer oficial del Ejército francés en llegar al Ayuntamiento de París para liberarla del dominio de las tropas alemanas.
 
Aunque la instrucción de los aliados dictaba rodear París, Leclerc, por orden de De Gaulle, decidió obviarla y asignar en su lugar la entrada en la capital a una de sus secciones de soldados españoles, cuyos carros de combate, que llevaban por nombre las principales victorias republicanas en la guerra civil española, acababan de derrotar a los alemanes en la población cercana de Longjumeau. El teniente Granell, al mando de la unidad, recibió la consigna de estudiar la posición germana en la ciudad sin otra orden que la de avanzar.

Acostumbrado a estar siempre en la primera línea, Granell no se limitó a inspeccionar la situación del ejército alemán en París, cuyo despliegue superaba los 12.000 soldados. Al atardecer del 24 de agosto, desde la Puerta de Italia, su centenar de hombres se adentró en la capital con la decisión de liberarla, sin mapas y con carros Sherman y half-tracks, orientados hasta el Ayuntamiento por una guía Michelin y la ayuda espontánea de un ciudadano. En un trayecto que no levantó violencia ni oposición, La Nueve fue recibida por una marea humana enloquecida de emoción al ver a sus salvadores.
KRISTIN SULENG








 El día 25, el diario Libération abre en primera con una gran foto del interior del Ayuntamiento, en la que se ve a Amado Granell con el líder de la resistencia parisina. El nombre de Granell no es mencionado, nada se dice sobre los españoles; el periódico habla de "soldados americanos". La torpeza de los periodistas no es sorprendente, ni antes ni ahora, pero lo que vino después estuvo bien pergeñado.

De Gaulle sabía lo que tenía que decir cuando lanzó su famosa proclama: "París, ultrajada, París, rota, París, martirizada, pero París liberada. Liberada por ella misma, liberada por su pueblo con el concurso de los ejércitos de Francia, con el apoyo y la contribución de Francia entera. Es decir, de la única Francia, de la verdadera Francia, de la Francia eterna". LUIS RIVAS


La bandera de Annecy

Argelès-sur-Mer in memoriam

El público prefiere...